
Abyecta, exiliada, catatónica frente al trío de espejos,
giros convulsionan con mutismo,
una vez que se enturbia con desidia el rabillo
convergen derrelictos mundos brillantes
mismos, equidistantes, concéntricos
bajo el innombrable octaedro de desidia y terror
inmerso en vuestro rito mecánico
un ojo inverbe, invariable, imbécil
trata de verse, viendo
¿Quién eres, t ú o t ú – m i s m a?
paralelepípedos encasillados te apuntan con su vórtice
aquél espacio otro,
aquella senda refractaria
aquél desborde limítrofe
no cesarán de desvariar, hasta que...
circulen todas y cada una de las enajenaciones,
se desgarre una cuerda,
y no quede una gota del inexpugnable plan
ahora...
panteísmos objetarios e insectarios,
sillones omnívoros
tubos archivadores unívocos
diarios vitales vomitivos
labios rojos partidos
cajeros automáticos-autómatas bélicos
etiquetas autoadhesivas aterradoras
timbres alegremente dolorosos
cámaras visoras-visionarias observando desde Mundo Feliz
robos intrincados y conspirados junto a la sombra
intensidades turbulentas, abismantes, dominantes
densidades incitadoras del momento final, ingerible en veneno
aforismos, axiomas y apelaciones hacia {él}
odios paridos, aborrecimientos corporales, autoflagelaciones laxantes
indignantes, incluso asfixiantes simulaciones de una vida normal
muertes desviadoras y anudadoras de troncos
rubores agitados, incesantes gestos, golpes didácticos en una sala
presencias imperturbables, enmudecedoras,
que agobian invisiblemente espacios sombríos
gi-ras-u-na-úl-ti-ma-vez
útero encrispado y agazapado ante el sentido
la enmarañada equis siembra sus límites, infanta
equidistan tus exiguos moldes, no lo niegues
se desplaza vuestro centro, no lo manipules
