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Espesura indomable, inmensidad majestuosa
¡Como quisiera perderme en tus entrañas,
en tus azules profundidades!
Refléjame en tu faz gloriosa
Calma mis tempestades
Y envuélveme en tus oleajes y mareas
Tu música sublime, tu coro de celestes criaturas
Tus violines que avanzan a pasos de gigante
Avasallándose con inhóspita fuerza
¡Sálvame de este desierto,
acógeme en tus abismos!
¡Oh! Esplendor de las azules profundidades
¿Por qué haz de guardarme tantos misterios?
¡Oh! Discretas aguas rodeen mis pies
Y llévenme presurosas al éxtasis
quítenme la razón y permítanme fluir
aletargada por la corriente eterna
hasta yacer diezmada entre tus faldas cristalinas
junto al verde azulado de tus fauces
¡Oh! Delicadas aguas recorran mi cuerpo
y domínenlo hasta la hora del sueño eterno
Cuando sus brazos recorran
Hasta el último confín de mi ser,
hasta que mi pecho adormecido
cese de latir
Solo entonces podré unirme a tu infinito todo
A tu inmaculada pureza
Fuera de este mundofuera de mi...
Absurdo es el manto que lo cubre, gris es el cielo que nos eleva. Dolorosas heridas nos cubren, nos ahogan, nos desangran. Angustiantes sonidos, cellos ardorosos, preludios sofocantes, pesadillas sonoras. La misteriosa distancia, nos absorve. Ahora.. tu mano errante se ha topado con la mía y se ha convertido en víctima de esta pasión ausente. Mis ojos solo ven lo que quieren ver, mudos, ausentes, acechantes, vislumbran cuanto hay y cuanto cae. Las ruinas de esta nación decadente, de este reinado putrefacto, de este palacio mugroso, permiten que la hiel escurra entre mi sangre, escurra entre mis manos, escurra entre mi mente. Aquel manto absurdo originario de San Pedro, ahonda nuestras heridas y desafina aun más los malditos cantos... en un segundo, en un instante solo, un rayo partirá mi vida desahogandome de tanta pesadilla... entonces, la letra con sangre habrá dictado su sentencia...
Las hileras de casas desfilaban frente a sus ojos, a través de la pálida luz que se colaba por la ventana. El ruido proveniente del paso del vagón por los rieles, adquiría un tono industrial y mecanizado a medida que avanzaba su marcha. Los recuerdos del lugar recién abandonado, quedaron en su mente como meras imágenes de un pasado remoto, doloroso, miserable. Las últimas casas del pueblo iban desapareciendo ante sus ojos, ahora se visualizaba un paisaje hermoso, libre de asentamientos humanos que odiar, libre de basura, de tendidos eléctricos, de oficinistas, hospitales y psicoanalistas. Ahora era ella misma, fuera de toda la maraña de apariencias que la envolvían, fuera de todo ruido, de vida mundana. Ahora podía tomar tranquilamente el aroma de los pinos, el sentir la lluvia en su rostro en la estación, la sensación de saciedad que le provocaba aquel paisaje...

El piso mojado, la luz fluorescente, el azul claro de las paredes verdosas de asco, las sillas embarazadas de dolor, el silencio crudo de los altos cielos. La lluvia en el pelo, ya no importaba nada, ya han pasado los cinco eternos minutos. Allí la esperaba otro hombre, de manos frías y callosas, cuyo gemido gutural la hacia sucumbir de pudor, ella sabía porque. De pronto sentía sus manos y pies sujetos a una perturbadora mesa de metal, bien conocida por ella en sus recónditas grietas de dolor, en su insondable dureza de acero, en su fría suntuosidad, alevosía al horror. Entonces era el momento del día en que su imaginación pegaba un brusco salto, uno de aquellos que nos suceden a diario que nos remecen hasta conmocionar nuestro espíritu, que prenden la inefable llama de lo lejano, cuya flama intentamos resucitar removiendo los leños que una vez fueron su combustible, pero todo resulta infructuoso. La gran diferencia con aquel retozo ilusorio, era que este se aproximaba a lo real, la sometía a una prospección hacia su destino, entonces se imaginaba en la morgue, junto a los demás cadáveres que alguna vez fueron vida, fueron alma, fueron pasión y fueron sofisma, al igual que ella lo habrá sido alguna vez, y ahora solo posee un cuerpo imberbe, exhausto de agónica vida, en paz, ahora abierto de pies a cabeza con sus entrañas a cuestas sin más protesta que el líquido exangüe que sus venas liberan luego del ultimo suspiro. En ese momento, una fuerza ajena a su propia naturaleza la traía nuevamente a la tierra del tormento, del asco, de la miseria. La traspasaba, la alimentaba de gritos, la atormentaba como ninguna fuerza humana lo hubiese podido hacer en su vida. El dolor, esa sensación indescriptible que ultraja los sentidos, esa combinación de todos los miedos habidos y por haber, la anegaba ahora.
Quizás si no sintiese como siento ahora
La vida seria una y sin límites
Quizás si tu vida no se hubiese topado con la mía
Sin tu rostro
Entre las sombras, luces y mascaras
Todo habría sido distinto
Mi vida, seria la misma
Mi alma, solo mía
Mi cuerpo, un mudo insensible
Pero ahora que viniste y guardaste mis lágrimas
En tus manos
No puedo solo alejarme
Eres nada, eres todo
Una sola ráfaga de viento en el aire infinito
Mi cuerpo te llama
Mi mente te dibuja
Y tú, no estas aquí
Ni nunca lo estarás
Y yo espero aquí, con la hiel entre mis manos
Aquí estará siempre, este océano yermo
Fríos inviernos pasaran y tu estarás allá
En donde el cemento atrapa
Donde la inmundicia embriaga tus sentidos
Donde el polvo, se transforma en barro
Dime que estarás bien
Dime que la lascivia no fue y no será en vano
Dime que tus manos aun desean recorrer con devoción mi espalda
Y que aquel beso tibio, no dejara jamás…mi mejilla
Dejaste huella en mi rostro
Mis labios aun presentan rigurosos la marca de tu venida
Sellaste tu estampa ardorosa de entrega
Ahora es tiempo de seguir la senda
Con el semblante cavilativo
Y un beso entre las manos
Ahora que me miraste y que viniste
Me niego a ser la misma
Se me han deshojado las alas
Y tu mirar cortante ha puesto una llaga en mi ser
Es tiempo de partir con la mirada perdida
Y el acuerdo de paz entre la guerra de dos mundos
Más profunda que la mar
Entre tu semblante y el mío
Adiós y hasta siempre...