sábado, octubre 26, 2013

Hacia el rincón, más acá de la escalera.

Me dejaste al final del corredor, de espaldas a ti
sosteniendo una vela derretida,
soplando en pulgares el estupor de mi cuello.
Tiraste de mi quebranto
como se fuerzan las sogas de una vela
para hacer de ella una dirección silenciosa hacia alta mar,
queriendo, precisamente, abarcarla sin majaderías posibles.

No detesto. No devengo odios, sino estupor.
Impávida, repaso las trayectorias de la incandescencia.
Cuando las esquirlas no describen la espiral de una metáfora

son sólo excusas.

Nada más detestable que no tener explicaciones que esgrimir,
que de un toque señalen tu cabeza como queriendo degollar por magia.
Por eso sigo ensayando una a una en mi cabeza,
las casualidades e inocencias que se debieron entretejer para hacerme un traspié directo a la creencia.
Sigo ensayándolas como se ensaya una efeméride,
efeméride de un feriado con gusto a tedio,
de esos que no logran vencerse junto a un cielo nublado.

Volveré a él. Volveré al pasado hasta que mis párpados
ya no tengan motivos para encontrarse solapados.

... Libo estas palabras urdiendo descripciones, sin representar el movimiento de un subterfugio,
eso, si no es el de un estado de una mente.

sábado, octubre 12, 2013

Desvelo

No me importa si es verdad o no, mientras ayude a comprender este manojo de inventos que llamamos humanidad. Poco importa si las células, el movimiento de los cuerpos celestes o el análisis formulado del lenguaje lo avalen. De cualquier forma, no somos más que un puñado de mentiras articuladas en torno a un gran hoyo negro. Somos nuestro propio abismo habitado en cada una de sus orillas.

viernes, octubre 11, 2013

En Deuda

- Deambulamos balbuceantes en la niebla de nuestros ecos. No nos dejan partir ni silenciamos nuestros recuerdos. Me pueblan embargos a cada quincena que retomo el lamento. Hablo a dos voces esperando reforzar estupores para que, finalmente, la gravedad los arroje aparte de mi. Y, sí, estoy lejos. Estoy lejos como queriendo perseguir algo que no sepa a celofán e ironía. Lejos, como para no descubrir la exigencia que suponen las vertientes irregulares de la amplia selva de sábanas que se alcanza al final de la elegía. 
- No sé leer si no es con intenciones, con intervenciones accidentales. La espuma de mi salvia atiborra los lugares del margen, mi voz se entrecorta de refranes imberbes. Soy apenas la forzosa espuma del hombre que te debo, que te deben y que nunca cobrarás. 
- ¿A quién he de agradecer el temblor, entonces?- Preguntó.
- Ve, agradécele al alba que, cercanos, nos vio desplazar.

De pie, apaga el último farol a la hora del lobo. 
Los momentos restantes vuelven a parir nuevas histerias para aplacar antiguas y ya fútiles alegrías. Vacíate, vacíate para no reclamar ninguna orden como tuya mientras augurando resuenan gritos en la hoguera. En esta hora azul enciende el último pregón para que el viento indeciso lo apague. Ya Amanece. 

sábado, octubre 05, 2013

I.-



Volví al lamento.
Te dibujo por ausencia.
Y cuando cruzo cada umbral
me pregunto si es posible
amar una idea.
¿sería posible

que te quedes algún día?

Junio 29

Me quise trofeo en momentos y lugares que hablaban por su infamia, entonces te arropé mientras esperabas que doblara a la vuelta de la esquina. Háblame, déjame subir ese árbol para entender de una vez este epitafio. 

De Midas y sus otros

No puedo definirte: estás siempre siendo los demás. No puedo amarte cuando me encuentro a mí misma en ti. Quiero que sepas que, en días alienantes, te odio y a mí en ti.
Quise un carnaval hacia lo otro, pero no pude si no encontrar más de lo mismo. Quise ser alteradamente feliz, mas, sólo encontré el difícil camino hacia adentro. Cerca de todo esto, mi madre toma una taza de café en el sillón, la mirada perdida, los labios fruncidos. Me aburro de esperarla, ella también.
Siempre ansié algo que me tomara de las manos y me tirara hacia la tierra. Un objeto ardiendo cae a mis pies, sus esquirlas no terminan de agotarme. Sólo me estoy diluyendo de a poco.

Acabaría conmigo. Pero, me repugna saber lo patético que sería acabarme sin saber por qué. Si no desaparezco ahora, es porque todavía sigo buscando esa respuesta. 

Fauces

Abres una puerta. La abres como permaneciendo tras ella, como no queriendo sentir el crujido que hace al abrir. Abres una puerta y te ciernes sobre sus goznes para no sentir el temblor, hirviendo en saludos ensayados. No queriendo sonar soberbia, te parece demasiado simple levantar la vista y mirar a los ojos de lo que sea que hay adentro –o afuera–. Pero sabes que lo eres.
Girar la manilla, simplemente muy de otro tiempo… aunque se trate del tuyo.
Pero ¿qué más poder emancipar? No hay nadie como tú allí dentro. No hay nadie como tú allí dentro si tú así no lo quieres. Es más, podría pensarse de la forma contraria en otras latitudes ajenas.
Abalánzate y, justamente, cierra los ojos. No mires hacia abajo, marearás el asombro; ni te quedes mirando el cielo, no podrás contenerlo entre tus pliegues.
El absurdo es el eufemismo que llama versos en mí, no la poesía. Las ideas ya no cortan, ya no se afilan en la desmesura de la tragedia ni desanudan mi cuello al languidecer sudor. No. Ahora devienen unas contra otras punzando la posibilidad de una vertical. De tarde las nubes obrarán en favor de tu humor. Nada más que sal marina en el dedo puesto sobre la cerradura, es hora de cortar y libar ese silencio incómodo de la ceguera. Voy viajando cada vez más ligero. Voy navegante hacia la disolución.

La manilla de la puerta empieza a gemir de insoportable resquemor, como quien –desde el otro lado- intenta abrir no sabiendo de la traba. Somos ella misma y yo.