Sólo así te veré
conquistó los límites de cada materia,
cazan jabatos/ corren por los miscantos/ voces nocturnas





en puntillas, l e v e m e n t e , entro en mi cama. mi pie, aun pequeño e infantil, se estremece por
el frío exasperante. aún me es posible recordar con exactitud como se arrojó el miedo sobre mí.
el denso aire nocturno se mantenía enrarecido junto al cielo de mi pieza. seres invisibles
enarbolaban espadas y cámaras mortuorias me vigilan desde el armario. un ejército de hormigas
se enfila a lo largo de mi piel, un sudor helado surge desde las recónditas profundidades de una
infantil curiosidad
¿vendrán por mí?- solía preguntarme ansiosa entonces. no lo creo, infanta, me respondo ahora.
Distante de aquel momento agobiante, cruzan por mi memoria, retazos de un sueño...
despierto agitada, convulsionada, me siento en la almohada y miro a través de la ventana
de enfrente... un árbol se dobla abruptamente con el arrase del viento, una y otra vez. despierto,
es de noche, la lámpara está aún encendida, para colmo de mi hermano.
pero sigo en el terror, la espalda sudada y el cuerpo en temblor. cruzo mis brazos
contra mi pecho, me aferro a la nada. cada uno de mis sentidos son ahora sigilosos, ningún
movimiento queda sin asimilar.
de pronto... sutilmente, tres pasos se enfilan sobre la madera del pasillo... un dedo que
toca la perilla de mi puerta, como deseando entrar y luego arrepentirse. sin saberlo siquiera,
mis dedos se crispaban ante la inminencia de la llegada de la continuidad, de algo llamado
caos... venía en mi búsqueda. pero mi arrojo y médula, escodíanse
fuera de mí, en manos del miedo feudal.
temblores por doquier. aun espero.

Encauzo la mirada luego de entrar en el bendito reino, mis ojos aún enceguecidos de tanta luz, no alcanzan a vislumbrar cuanto
gime y cuanto cae… allá en la penumbra. El umbral, un albergue momentáneo se afana de mi presencia para hacerse de un títere
manipulable. En momentos como éste, la epifanía me envuelve, una vez que las verticales me agobian, aun más si las estorba un
horizonte.
¡Presión sobre mis sienes! La absolución me corroe, me encadena, me condena a la eternidad. ¿Por qué he de dejar tierra? ¿Por qué ha de ser mi gruta tan funesta?
¡Oh! Sombra, no derrochéis la mirra, ¡oh! Umbral, no me dejéis caer en tentación, oh! vertical, libradme del mal, quitadme la libertad, ahogadme en vuestros sermones.
Pilares me aplastan desde el exterior, tu interior, desarma mi impúdica desventura.
respiro un aire de falso sacrificio, devoro convulsos abismos de imperio, me entrego a abortivos y fervientes excesos, finalmente muero en vuestros devocionales.
in memoriam... no osaré beber de vuestra sangre, ni mucho menos comer de vuestra carne,
Traslaciones y rotaciones se entorpecen
Mientras se suceden sermones
en el momento en que me encuentro espalda con espalda
junto a un moro en la penumbra
mi medula cesa de enraizar junto a los demás robles
una vez que vuestra obicuidad se ha desvanecido.
sortilegios me hacen recordar como era cuando existíais, como eras cuando sonreíais.
mas, vas y vuelves, siempre con distintas máscaras,
en la medida en que vuestra simbiosis írica se nutre de múltiples ortigas.
pero sigo ahí, espalda con espalda, se escucha un ruido metálico, seco y leve a la vez,
¿Quién sois? ¿qué andáis haciendo tan azulado y tarde?
Engaño, nos volvemos a encontrar, aún en los sacramentos.



