miércoles, diciembre 29, 2010

ínfula


Nos turnamos por doquier, de acuerdo a nosequé melodía. Desentonamos a ratos, desafinamos en diagonales. Me tomas por los codos y sales por mi médula. Cállame, calla mis tendones, pero haz hablar a mis domingos. Sobre todo a ellos. Habla como si fuera la primera vez, habla como si fuera en silencio, habla, como si todo lo que tuviéramos fuera memoria, afuera me moría. Nomequiteslosojosdencima, pero aléjate. Mueve los brazos cuando nades por mis voces, así sabré que no te ahogas. Rueda desde mi hombro hasta el otro extremo, danza esta torpeza y tropieza con mis orgullos. {–palabras entrecortadas, ni sé cómo llegué a odiar los conectores.}

Eso es. Más bien rodamos, tropezamos las casualidades; los turnos se ordenan como toallas.

miércoles, octubre 27, 2010

vértice

.

he devenido tinta.
se despliega por el suelo, como una extensión del sentido. le pido a la tierra que la vierta, que me permita elevar y, a la vez, dejar caer una libación, pero ella, aún no disuelve constelaciones. me siento con las palmas abiertas, despliego un elegía mientras cobijo otro demonio, y susurro.

devengo tinta y, con ella, me derramo entre hojas en blanco. me vierto, aún no dejo de buscar una línea, un párrafo, una frase donde detenerme, donde vaciarme. no dejo de dibujar, de abrirme paso entre las fibras del papel. me vierto en tinta, me dejan caer y olvido a cada trazo.




.

lunes, octubre 18, 2010

Nada

¿qué es lo que te queda?- preguntó pálido
.

Han de vaciarte, rasgar los harapos con los que ya has llegado, culpar a tus demonios y envestirte con ropas ajenas. Han de quebrarte, filtrar tus silencios, ahogar tus canciones y rebobinar tu mantra. Han de callarte, despojar de toda gama que se pierde entre el negro y el blanco y plantar un dintel forzado. Han de habitarte, poblarte de funestos, mal olientes y pedantes monstruos, dotar de voces estáticas, gritos ahogados y movimientos supuestos. Has de vaciarte. Has de vaciarte. Y he de volver a poblarte, vestirte con lo que encontré en el suelo, fundar la patria profanada. Sólo para volver a exigirte
silencios fecundos

lunes, septiembre 20, 2010

Abismante

.




No hay nada,

que no pase por tí.

jueves, agosto 12, 2010

Tosca

Pesa el cuerpo cuando se humedece el centro y retuercen los nopuedomás, cuando los dolores no se exhalan. Aún siendo tan arraigadas las hazañas en tí, me pesa el alma y mi mente se aletarga en gravedad. Trata de respirar y sabrás qué lamento. Mientras pongo un pie delante del otro, doblo sólo una rodilla y dejo el otro pié en diagonal, pero lo único que hago es temblar. Abandono mis manos en el aire, exhalo la ciénaga, aunque mis pies no sean capaces de ser iguales. Caigo. Voy formando la semblanza de la tierra, voy buscándome en ella, aunque no sea capaz ni de encontrar mis propios pies.

lunes, julio 05, 2010

#

elevo este mantra antiguo

que se cierne una y otra vez


mas

esta vez, me despido

te dejo ir

y no preciso esperar

los adagios de tu voz arrastrada


.

miércoles, junio 16, 2010

acto

- Dejaste de urdir y empezaste a delinear - le hicieron notar, no sin un olor a queja.
- Sí - dijo, despejando su frente - es que dejaré de mentir, quiero viajar - y comenzó a abrir la maleta que derrepente cargaba para fluir en densidades, no sin antes ocuparse en imaginar cómo deshacerse de tanto.
- Mentira - contestó.
Pero ella siguió confesando reliquias, prodigándolas en nombres que se le vinieran a la cabeza.

lunes, mayo 31, 2010

II.-

.-


Es curioso y cierto: no sé lo que quiero, lo quiero todo; no sé lo que temo, lo veo todo. No sé pedirte que regreses al fondo y me devuelvas ese tú que perdí mientras miraba las aves ir y venir, inalcanzables, allá a lo lejos.
Te levantas, giras y cierras la puerta con tozudez. Ahí, justo aquí se fija el momento en que realmente encuentro límites a las posibilidades que se ciernen sobre nuestra mesa. Ahí, cada vez que voy y vengo, buscando esquirlas, serpentinas de nada, entre los acuarios de restoranes chinos y oráculos de mercaderes.
Puedo detenerme, puedo fijar la mirada, puedo librarme sin tedio. Al menos tengo ese anhelo. Mas, necesito antes detenerme a desplegar estas plumas de palomas desviadas. Detenerme a contar mis bestias. Detenerme a contar historias, tu historia, la de mis infantas, la de mis ingratas, las de mis putas tristes. Necesito que lo entiendas, necesito que las hagas tuyas, más allá, o más acá, de seguir caminando por una calle de bares muertos, de veredas marcadas de amarillo.
Un día, infelices, mis cadáveres salieron de procesión, a dar treguas; indeseables, mis fantasmas vinieron a reclamarlos. Ellos no quieren que te detengas, que me detenga.

- No sé como contarte, que llevo una huella que nunca tuvo marca.

viernes, mayo 28, 2010

vórtice

.



Escribí cartas, pero las perdí en el viaje que me trajo hasta acá. Impávida, recogí las sobras y las guardé, como si el tiempo hiciera que las necesitara otra vez – esperando un instante en que se recoja, como se recogen las olas en invierno o las uñas de los gatos cuando bostezan- pero no sirven. No sirven porque no intiman. No sirven porque no traen ese espacio, ahondan el vacío, el no-lugar. escatiman lo que callan.
No recuerdo por qué, taciturna te escribí. Recuerdo que soñé con que te soñaba. Soñé que soñaba con un verde y tú recortado sobre él. Soñé que no me escudriñabas, que sabías bien. Siquiera necesitabas preguntarme a dónde iba cuando me devolvía. Existía sólo tu hombro en medio de la nada, existía mi cabeza como materia inerte que se cierne sobre sus goznes. Como si no existiera el peso, como si no adivinaras que estoy ahí. Por eso me quedaba, así, silenciosa, liviana, perfectamente invisible- susurraba mis pasos, para ahogar demonios, mas, en un ardid y cerrar, ayunaban los tuyos-. Así, sólo una mano recogida, pálida sobre la extensión, me salva de tu imperio… va más allá de donde puedes ir. Me cuestionas y me sigues, como si pudieras seguir a quien no sea tú, cuando no eres tú. Entonces vuelves sobre tus pasos sin saber. Recuérdame aquello. Recuérdame que te recuerdo como tu siendo-tú. Recortada sobre un verde, colgando de tu hombro, no necesito pactos, ni títulos, ni espacios ecuánimes.
Me reclamas como un título y quiebras el verde. Me llamas nocturna cuando siquiera tu nombre puedo restituir de entre las comisuras. Crepuscular, cuando intento no decirlo. Menguante, cuando no te busco. Plena, cuando te encuentro sin buscar. Sonambular, cuando te busco sin encontrar más que tu sombra.
Déjame aquí, casi ni me siento. Déjame aquí, casi ni tiemblo. Déjame aquí, casi ni miento. Casi.