viernes, julio 22, 2011

oncedelsiete

A veces desde la profundidad surgen notas a los lejos que me incitan a sostener cantos delicados o graves. De vez en vez surge tu voz del recuerdo, surge la evocación de una mañana blanca: yo en el sueño, tú en la vigilia. Resguardabas mientras yo dormía, contemplabas mi desarme y mi sed de invierno. Me palpabas sutilmente muda, ciega y crudamente sorda. Encontrabas mi niñez y me llamabas crepuscular. Evocabas mi vigilia y me nombrabas sonambular. Una blancura se tildaba frente a tus ojos, ojos que por dormir siempre se perdían el espectáculo silencioso, ese rito que sigilosa esperé. La estepa de tus ojos por fin encontraba la calma de tu almohada, mientras un escalofrío recorría mi espalda. Rodé sordamente por tu sábana con tu sonata pasajera. Fui transeúnte afligido por la pobreza de tu pecho. Te arrullé sonámbula entre mis sueños, haciéndole una reserva a mis pesadillas. Reclamé segundos en la espera, te envolví de nada. Un armisticio de nada. Te esperé en la esquina de la niebla, mientras tú me cobijabas en la vigilia. Un cobijo entrañable, aquél que no invade el territorio juzgando en el postre un argumento, sino que se demora justo ahí, horadado en el umbral. No hay caricia más suya que la que no se sabe caricia. Te demoraste en mi dormir, en ese amanecer blanco. Te demoraste incluso en mi propio amanecer con esa mirada que desde siempre leyó mi despertar, ahí donde las cuencas de mis ojos te condecoraron con una sonrisa sin labios y los párpados se abrían fundando pequeñas comisuras. La luz te descifró y mi risa ahogada y leve desarmó tu guardia. Me llamaste niña, recuerdas?

2 comentarios:

ectoplasmatica dijo...

Me dejó un saborcillo melancólico lo que escribiste, es super místico cuando alguien escribe algo y te deja una sensación, como que el escrito trasciende los límites de lo virtual y toma sentido en una sentimiento.

Nos vemos el miércoles, con el regalo prometido :0

ela dijo...

Cada vez que te leo el tiempo retrocede