No siempre parto con el fin, pero esta historia terminó.
Vernos, sólo evidencia la herida, dibuja nuestros muñones y recoge nuestras
lágrimas. No hay día en que no me pregunte cómo estarás, qué será de tus
fracturas, de tus obsesiones y locuras. Qué será de esos ojos profundos, esa
mirada intensa y esas manos tiernas ¿Te perderás dentro de mis recuerdos? Cargo
con tanta memoria fresca.
Caemos como ciénagas sobre el frío pavimento. Cargamos con
el consabido final del paraíso perdido, tomamos las micros que nos llevan desde
el limbo al patíbulo y nos sentamos a servir cervezas tibias en los manteles de
hule que dibujan un falso cielo prometido. No te miento, a veces mi memoria te
toma de las manos, te recorta de la mierda, y te trae a tientas sobre estos
hombros caídos. Salen a relucir esos viajes nocturnos, esas temporadas en que
fuiste capaz de llevarme más allá de mi misma y disipaste el temor con el
coraje de tu caminar pausado. Pero no sé cómo fue que las historias se fueron
anudando, las palabras fueron cambiando su calibre y su simbolismo, dejamos de
hablar el mismo lenguaje y ya nunca hubo espacio donde respirar este lamento azumagado.
Reímos como idiotas alcanzando el absurdo, nos lanzamos al abismo
hiperventilado junto a un ejército de almas quiltras y aplastamos un mar de
arrugas con nuestros cuerpos sobre las sábanas. Tú dirás que estuve ausente.
Yo, que estuviste impertinentemente presente. Pudimos construirlo todo con tan
sólo un par de ironías, pero nos quedamos simplemente mirando el humo de
nuestros sueños quemándose en el último porro del yacimiento ¿Será que un día
nos miraremos sin resaca ni resentimiento?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario