lunes, noviembre 14, 2016

Resaca

No siempre parto con el fin, pero esta historia terminó. Vernos, sólo evidencia la herida, dibuja nuestros muñones y recoge nuestras lágrimas. No hay día en que no me pregunte cómo estarás, qué será de tus fracturas, de tus obsesiones y locuras. Qué será de esos ojos profundos, esa mirada intensa y esas manos tiernas ¿Te perderás dentro de mis recuerdos? Cargo con tanta memoria fresca.
Caemos como ciénagas sobre el frío pavimento. Cargamos con el consabido final del paraíso perdido, tomamos las micros que nos llevan desde el limbo al patíbulo y nos sentamos a servir cervezas tibias en los manteles de hule que dibujan un falso cielo prometido. No te miento, a veces mi memoria te toma de las manos, te recorta de la mierda, y te trae a tientas sobre estos hombros caídos. Salen a relucir esos viajes nocturnos, esas temporadas en que fuiste capaz de llevarme más allá de mi misma y disipaste el temor con el coraje de tu caminar pausado. Pero no sé cómo fue que las historias se fueron anudando, las palabras fueron cambiando su calibre y su simbolismo, dejamos de hablar el mismo lenguaje y ya nunca hubo espacio donde respirar este lamento azumagado. Reímos como idiotas alcanzando el absurdo, nos lanzamos al abismo hiperventilado junto a un ejército de almas quiltras y aplastamos un mar de arrugas con nuestros cuerpos sobre las sábanas. Tú dirás que estuve ausente. Yo, que estuviste impertinentemente presente. Pudimos construirlo todo con tan sólo un par de ironías, pero nos quedamos simplemente mirando el humo de nuestros sueños quemándose en el último porro del yacimiento ¿Será que un día nos miraremos sin resaca ni resentimiento? 

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