
Encauzo la mirada luego de entrar en el bendito reino, mis ojos aún enceguecidos de tanta luz, no alcanzan a vislumbrar cuanto
gime y cuanto cae… allá en la penumbra. El umbral, un albergue momentáneo se afana de mi presencia para hacerse de un títere
manipulable. En momentos como éste, la epifanía me envuelve, una vez que las verticales me agobian, aun más si las estorba un
horizonte.
¡Presión sobre mis sienes! La absolución me corroe, me encadena, me condena a la eternidad. ¿Por qué he de dejar tierra? ¿Por qué ha de ser mi gruta tan funesta?
¡Oh! Sombra, no derrochéis la mirra, ¡oh! Umbral, no me dejéis caer en tentación, oh! vertical, libradme del mal, quitadme la libertad, ahogadme en vuestros sermones.
Pilares me aplastan desde el exterior, tu interior, desarma mi impúdica desventura.
respiro un aire de falso sacrificio, devoro convulsos abismos de imperio, me entrego a abortivos y fervientes excesos, finalmente muero en vuestros devocionales.
in memoriam... no osaré beber de vuestra sangre, ni mucho menos comer de vuestra carne,
Traslaciones y rotaciones se entorpecen
Mientras se suceden sermones
en el momento en que me encuentro espalda con espalda
junto a un moro en la penumbra
mi medula cesa de enraizar junto a los demás robles
una vez que vuestra obicuidad se ha desvanecido.
sortilegios me hacen recordar como era cuando existíais, como eras cuando sonreíais.
mas, vas y vuelves, siempre con distintas máscaras,
en la medida en que vuestra simbiosis írica se nutre de múltiples ortigas.
pero sigo ahí, espalda con espalda, se escucha un ruido metálico, seco y leve a la vez,
¿Quién sois? ¿qué andáis haciendo tan azulado y tarde?
Engaño, nos volvemos a encontrar, aún en los sacramentos.











