domingo, marzo 17, 2013

domingo


Recordar. Recordar porque no queda más en esta penumbra que una silueta venturosa, plagada de movimientos exhaustos, pero más nítidos que cualquier bocanada de gesto. Caer en la memoria porque en esta vehemencia atiborrada de trazos, no cabe la presencia de todo aquello que se tiende a mis anchas. Abandono, porque voy buscando perfeccionar el recuerdo, voy anudando la escena de las pequeñas treguas en medio de la interminable canción que es esta vigilia manoseada hasta el hartazgo por aquello que llaman realidad. Abalanzarse porque no tengo ritmo ni métrica para esta antojadiza voluptuosidad que es la disciplina del sueño. Una voluptuosidad única por su paradoja: un denso almíbar hecho con la inmaterialidad de los retazos olvidados de las ideas escondidas en aquellos párpados que erguidos se estremecen para languidecer. Soñar urdiendo los hilos de los dolores escindidos por el disturbio del paso que marca el tiempo, disueltos en la cotidiana retahíla del presente. Soñar no es sólo tejer tramas invisibles, sino creer que en una pausa en la vida del universo tienes frente a ti lo que tu imaginación dibuja para el deseo. 

sábado, septiembre 29, 2012

Nunca pretendí estar en el centro de todo, me desentendí de toda posesión conformándome con algo de ambición. Me gustaba estar a un lado de los focos,  equidistando con luces y sombras. No entiendo cómo es estar ahí, en el medio, asistiendo a la valoración de cada pero. La luz satura sobre mi cara mientras la abertura de mis huesos apunta un ángulo ridículo. Pedí indulgencias hasta el hartazgo por todo y por todos. Me acurruqué en las inclemencias de la falsedad de los gestos poco agraciados del cínico, lo odié como si fuera mi propia idiotez y lo arropé en mis deseos de remecerlo. Despierta, mierda, esta no es tu vida sino la que está allá, afuera de ti mismo. Odio al mundo y sus sutilezas de celofán, odio al mundo y sus vanidades más selectas. Me encontré pobre y ya no desnuda, sino rodeada de mentiras, excusas y gesticulaciones grotescas. Me resulta realmente mágico cómo el mundo disfraza su hipocresía y me la vende en manos baratas, la compro, condescendiente, me cuelgo de hombros que me salen al camino. ¿Todo bien ahora? –me preguntaron– ¿te acostumbraste a todos? No sé qué responder si no es con una mordida, muerdo y escapo. Todo es mentira menos la muerte, incluso si tu verdad es mentir, es ahí donde aparecen los gestos verdaderos de todos nosotros, estos bajos mortales. Me dije que dejaría de ser una espectadora para comenzar a protagonizar mi vida, sin embargo, me estoy hundiendo en el aburrimiento que me inspira la mecánica del actuar. Me aburro en ello de este cuerpo iluso, torpe y desarmado, de esas ansias por reventar. A veces siento que preferiría ansiarte que llegar al fondo sólo para descubrir que eres un trozo más de mis desvelados tedios. Abruma sentir que te estoy guardando como una reliquia, que te alejo para extrañarte, que sólo matándote revives para mis mareas. No quiero estar en el medio, soy un ogro 

sábado, junio 30, 2012

La espesura del aire se mide por el peso de las cosas no dichas. Lo innombrable, se vuelve hostil y golpea las ansias de quien intenta deslizar un soplo por entre la comisura de los labios. Omitimos en pausas, tanteamos el espacio a punta de síntomas lánguidos, mientras los mayos se caen a punta de retazos. Y, no deja de ser curioso: no me debo, no me debes.

Parcial

Necesito fluir con las pocas palabras que tengo y abandonar este celo entrecortado que, así sin más, me deja sin conectores que blandir. Necesito escribir. Las palabras no sangran, dicen, pero a las mías les crecieron quistes ansiosos hasta la angustia por disiparse. Escribir con sangre para diluir estos flujos embarazados de ansia. Ansia, por evitar el tedio, salirme de él como se desciende de un carrusel en movimiento. Vuelvo a verme envuelta en una vuelta más. Obnubilo mis propios ojos, todo se expande y contrae en amarillo, mientras mis ojos gimen agudos. Mis muletillas y lugares comunes ya no sirven para revisar como esa bruma iridiscente se vuelve un desmayo de luces distantes, ligeras ante mi vista de párpados caídos. Te nombro en voz baja como quien intenta silbar con los labios congelados. La gravedad con que me he levantado, es ahora la misma con que devengo tierra. Se necesitan un millar de manos para levantarme. Todavía veo la luz de  la cocina, pero esta vez a través del gris que cubre la piel de mis párpados. Al gemido de mis oídos se suma una tocata grave pero delicada, una secuencia de cantos inundada de pájaros negros. Como fumar todo el día percibiendo la distorsión de unos ojos bien cerrados. Nací durmiendo y mi vida entera se ha entramado en un esfuerzo por despertar. Mi día entero se basa en ese preciso sacrificio, desde que me levanto hasta que justo antes de volverme nube ligera, me vuelvo ajena. Te llevo de la mano, te sonrío a mares, me dueles en el cuerpo porque justo detrás de mí viene una jaula ardiendo en busca de su pájaro. Me sostienes, me delineas , sonríes cuando quiero que todo me olvide. No soy dueña de un título, sino sólo de desmayos en lugares con los que coqueteo. Pulsar contigo es olvidar que dejaré de hacerlo. 

miércoles, febrero 08, 2012

desde el borde

Desperté con una sed de abriles y golpes en la pared que daban la bienvenida a un mundo donde no ocurría lo que en mi sueño. Lo que en mi sueño… mi sueño se desmonta poco a poco. Me doy cuenta de que la playa sigue siendo playa, aunque si no está atestada de montañas de hierro, si lo está de edificios flácidos. Dije “me quiero envuelta en concreciones” y así comencé a urdir. Antes me asomé por el hombro izquierdo y tomé aire para malograr aspiraciones poderosas. Me cansé en soplos y distendí pueblos enteros con mis manos mojadas. Mis cabellos se enredaron con el dolor de mi ojo invisible, se tropezaron en las flores de mis puntas y comencé a darme vuelta, esta vez, hacia la montaña. Oí gritos de gatos a este lado. Un hombre delgado, con aire insecto me miraba desde la portada del libro. Me llamaba desde las ramas del árbol y, por un momento, no me pidió que buscara el mío. Me acomodé y respiré, exhalé pinos exactos mientras mi hermano alega que son una plaga. Una plaga es esta mañana que muerdo como noche, que arde como tarde, que tiembla y no vibra. Siempre me han costado un mundo las mañanas, me resultan caras y poco acoplables dentro de las comisuras de mi devenir aéreo. Ya lo sé y siempre lo miento: no es la mañana la que tiembla, son mis ojos debatiendo con ellos. Aquellos me llaman y algo me dice que gire una vez más y no los escuche. Girando mi nariz se tuerce con la almohada y mi nuca debate con los pliegues de mi ventana. Anquilosada de esferas colecciono arrugas de sábanas blandas, de camas anónimas, donde la única carente de nombre era yo. Recuerdo y me olvido, la dispersión de mi espalda me invita a dejar de morder y girar, cuando mis párpados se asoman al borde. El vórtice: ese lugar dueño de nada y todo a la vez. Desde ahí mis pestañas abandonan patrias conquistando sólo visiones. Un giro más. La palidez me saluda desplegando las abluciones secretas de los planes conspirados por el calendario. Pálida, doy un paso atrás o más bien fuera. Abandono la templanza y me sumo a una somnolencia de cienes. Intento despertar aunque nunca sienta los ojos más abiertos que bajo el agua.

viernes, julio 22, 2011

oncedelsiete

A veces desde la profundidad surgen notas a los lejos que me incitan a sostener cantos delicados o graves. De vez en vez surge tu voz del recuerdo, surge la evocación de una mañana blanca: yo en el sueño, tú en la vigilia. Resguardabas mientras yo dormía, contemplabas mi desarme y mi sed de invierno. Me palpabas sutilmente muda, ciega y crudamente sorda. Encontrabas mi niñez y me llamabas crepuscular. Evocabas mi vigilia y me nombrabas sonambular. Una blancura se tildaba frente a tus ojos, ojos que por dormir siempre se perdían el espectáculo silencioso, ese rito que sigilosa esperé. La estepa de tus ojos por fin encontraba la calma de tu almohada, mientras un escalofrío recorría mi espalda. Rodé sordamente por tu sábana con tu sonata pasajera. Fui transeúnte afligido por la pobreza de tu pecho. Te arrullé sonámbula entre mis sueños, haciéndole una reserva a mis pesadillas. Reclamé segundos en la espera, te envolví de nada. Un armisticio de nada. Te esperé en la esquina de la niebla, mientras tú me cobijabas en la vigilia. Un cobijo entrañable, aquél que no invade el territorio juzgando en el postre un argumento, sino que se demora justo ahí, horadado en el umbral. No hay caricia más suya que la que no se sabe caricia. Te demoraste en mi dormir, en ese amanecer blanco. Te demoraste incluso en mi propio amanecer con esa mirada que desde siempre leyó mi despertar, ahí donde las cuencas de mis ojos te condecoraron con una sonrisa sin labios y los párpados se abrían fundando pequeñas comisuras. La luz te descifró y mi risa ahogada y leve desarmó tu guardia. Me llamaste niña, recuerdas?

domingo, febrero 06, 2011

Hablar

Piensa en la nada. Cuando lo hagas, piensa luego en el principio de todo. Ponle el nombre y los brazos que quieras. Imagina cuando caen las demás piezas de dominó. Una a una. Una separada de la otra. Una cada vez más diferente de la otra. Crea el universo, míranos. Un principio y muchos finales. Finales en progreso, si piensas en tramas; finales definidos si piensas en las terminaciones del artificio. Tan definidos, tan cerrados, que no es posible fusionar a uno con otro. Tan definidos, tan terminados, que no es posible comunicar a uno con el otro. Toco la pared y un abismo me separa de ella. Inventamos una vida en las palabras. Intentamos la ilusión de poder fundir y forjar con ellas. Mas aún, no sabemos hablar.

miércoles, diciembre 29, 2010

ínfula


Nos turnamos por doquier, de acuerdo a nosequé melodía. Desentonamos a ratos, desafinamos en diagonales. Me tomas por los codos y sales por mi médula. Cállame, calla mis tendones, pero haz hablar a mis domingos. Sobre todo a ellos. Habla como si fuera la primera vez, habla como si fuera en silencio, habla, como si todo lo que tuviéramos fuera memoria, afuera me moría. Nomequiteslosojosdencima, pero aléjate. Mueve los brazos cuando nades por mis voces, así sabré que no te ahogas. Rueda desde mi hombro hasta el otro extremo, danza esta torpeza y tropieza con mis orgullos. {–palabras entrecortadas, ni sé cómo llegué a odiar los conectores.}

Eso es. Más bien rodamos, tropezamos las casualidades; los turnos se ordenan como toallas.

miércoles, octubre 27, 2010

vértice

.

he devenido tinta.
se despliega por el suelo, como una extensión del sentido. le pido a la tierra que la vierta, que me permita elevar y, a la vez, dejar caer una libación, pero ella, aún no disuelve constelaciones. me siento con las palmas abiertas, despliego un elegía mientras cobijo otro demonio, y susurro.

devengo tinta y, con ella, me derramo entre hojas en blanco. me vierto, aún no dejo de buscar una línea, un párrafo, una frase donde detenerme, donde vaciarme. no dejo de dibujar, de abrirme paso entre las fibras del papel. me vierto en tinta, me dejan caer y olvido a cada trazo.




.

lunes, octubre 18, 2010

Nada

¿qué es lo que te queda?- preguntó pálido
.

Han de vaciarte, rasgar los harapos con los que ya has llegado, culpar a tus demonios y envestirte con ropas ajenas. Han de quebrarte, filtrar tus silencios, ahogar tus canciones y rebobinar tu mantra. Han de callarte, despojar de toda gama que se pierde entre el negro y el blanco y plantar un dintel forzado. Han de habitarte, poblarte de funestos, mal olientes y pedantes monstruos, dotar de voces estáticas, gritos ahogados y movimientos supuestos. Has de vaciarte. Has de vaciarte. Y he de volver a poblarte, vestirte con lo que encontré en el suelo, fundar la patria profanada. Sólo para volver a exigirte
silencios fecundos

lunes, septiembre 20, 2010

Abismante

.




No hay nada,

que no pase por tí.

jueves, agosto 12, 2010

Tosca

Pesa el cuerpo cuando se humedece el centro y retuercen los nopuedomás, cuando los dolores no se exhalan. Aún siendo tan arraigadas las hazañas en tí, me pesa el alma y mi mente se aletarga en gravedad. Trata de respirar y sabrás qué lamento. Mientras pongo un pie delante del otro, doblo sólo una rodilla y dejo el otro pié en diagonal, pero lo único que hago es temblar. Abandono mis manos en el aire, exhalo la ciénaga, aunque mis pies no sean capaces de ser iguales. Caigo. Voy formando la semblanza de la tierra, voy buscándome en ella, aunque no sea capaz ni de encontrar mis propios pies.

lunes, julio 05, 2010

#

elevo este mantra antiguo

que se cierne una y otra vez


mas

esta vez, me despido

te dejo ir

y no preciso esperar

los adagios de tu voz arrastrada


.

miércoles, junio 16, 2010

acto

- Dejaste de urdir y empezaste a delinear - le hicieron notar, no sin un olor a queja.
- Sí - dijo, despejando su frente - es que dejaré de mentir, quiero viajar - y comenzó a abrir la maleta que derrepente cargaba para fluir en densidades, no sin antes ocuparse en imaginar cómo deshacerse de tanto.
- Mentira - contestó.
Pero ella siguió confesando reliquias, prodigándolas en nombres que se le vinieran a la cabeza.

lunes, mayo 31, 2010

II.-

.-


Es curioso y cierto: no sé lo que quiero, lo quiero todo; no sé lo que temo, lo veo todo. No sé pedirte que regreses al fondo y me devuelvas ese tú que perdí mientras miraba las aves ir y venir, inalcanzables, allá a lo lejos.
Te levantas, giras y cierras la puerta con tozudez. Ahí, justo aquí se fija el momento en que realmente encuentro límites a las posibilidades que se ciernen sobre nuestra mesa. Ahí, cada vez que voy y vengo, buscando esquirlas, serpentinas de nada, entre los acuarios de restoranes chinos y oráculos de mercaderes.
Puedo detenerme, puedo fijar la mirada, puedo librarme sin tedio. Al menos tengo ese anhelo. Mas, necesito antes detenerme a desplegar estas plumas de palomas desviadas. Detenerme a contar mis bestias. Detenerme a contar historias, tu historia, la de mis infantas, la de mis ingratas, las de mis putas tristes. Necesito que lo entiendas, necesito que las hagas tuyas, más allá, o más acá, de seguir caminando por una calle de bares muertos, de veredas marcadas de amarillo.
Un día, infelices, mis cadáveres salieron de procesión, a dar treguas; indeseables, mis fantasmas vinieron a reclamarlos. Ellos no quieren que te detengas, que me detenga.

- No sé como contarte, que llevo una huella que nunca tuvo marca.

viernes, mayo 28, 2010

vórtice

.



Escribí cartas, pero las perdí en el viaje que me trajo hasta acá. Impávida, recogí las sobras y las guardé, como si el tiempo hiciera que las necesitara otra vez – esperando un instante en que se recoja, como se recogen las olas en invierno o las uñas de los gatos cuando bostezan- pero no sirven. No sirven porque no intiman. No sirven porque no traen ese espacio, ahondan el vacío, el no-lugar. escatiman lo que callan.
No recuerdo por qué, taciturna te escribí. Recuerdo que soñé con que te soñaba. Soñé que soñaba con un verde y tú recortado sobre él. Soñé que no me escudriñabas, que sabías bien. Siquiera necesitabas preguntarme a dónde iba cuando me devolvía. Existía sólo tu hombro en medio de la nada, existía mi cabeza como materia inerte que se cierne sobre sus goznes. Como si no existiera el peso, como si no adivinaras que estoy ahí. Por eso me quedaba, así, silenciosa, liviana, perfectamente invisible- susurraba mis pasos, para ahogar demonios, mas, en un ardid y cerrar, ayunaban los tuyos-. Así, sólo una mano recogida, pálida sobre la extensión, me salva de tu imperio… va más allá de donde puedes ir. Me cuestionas y me sigues, como si pudieras seguir a quien no sea tú, cuando no eres tú. Entonces vuelves sobre tus pasos sin saber. Recuérdame aquello. Recuérdame que te recuerdo como tu siendo-tú. Recortada sobre un verde, colgando de tu hombro, no necesito pactos, ni títulos, ni espacios ecuánimes.
Me reclamas como un título y quiebras el verde. Me llamas nocturna cuando siquiera tu nombre puedo restituir de entre las comisuras. Crepuscular, cuando intento no decirlo. Menguante, cuando no te busco. Plena, cuando te encuentro sin buscar. Sonambular, cuando te busco sin encontrar más que tu sombra.
Déjame aquí, casi ni me siento. Déjame aquí, casi ni tiemblo. Déjame aquí, casi ni miento. Casi.

domingo, diciembre 27, 2009

si

pudiera
erizarte
la voz

con mi piel

miércoles, octubre 07, 2009

a veces duermo

.




Hay cosas

que merecen

la inmensidad de un pestañeo.

En ese abrir y cerrar

se ciernen las posibilidades

de una memoria amable.

No quisiera

tener los ojos siempre abiertos,

no me gustaría

, en absoluto,

no poder sentarme

en el tiempo

de cuando en cuando.

Cierro los ojos

y veo mis párpados.

Veo un cielo

embarazado de agua

viéndose gris

, cuando lo miro.

La arena

no se ve pálida

y mis pies no se pierden en ella.


A veces la oscuridad me templa

por eso

cierro mis ojos

y no me pierdo.

Cierro al mar los ojos,

abro la vista

hacia mí.

Y siempre

veo el mismo oleaje.

jueves, octubre 01, 2009

carta para no ser leída


[encontré esta hoja, perdida hace tiempo,



reconocí palabras que ya no están aquí



sólo que ahora manipulé otras]






He buscado las palabras, lo prometo



pero se gastan cada vez que las encuentro,



se deshacen,



forman un séquito de arbitrios,



se tiran por la borda



a un mar de borradores,






hundo los codos entre mi cara y la mesa



viendo la manera



de



decir






que






no hay línea



que dibuje una sola sombra



de



esto









esto que lamento



ha quedado



inconmensurable



entre el silencio y yo






lamento que



, a decir verdades,



después



de muchas hojas



este silencio






, el de aquí,



ya no arraiga



ya no pertenece






se quedó



y no aquí.

miércoles, julio 15, 2009

Hipocondria

Hay marzos en los que empieza a rotar una suerte de tránsito. Las mismas faltas y los mismos confesores, nunca el mismo olvido. De ahora en cuando, mutas a una condición que te descubre en goznes y te acompleja en bisagras: desintegra en espacios.