sábado, octubre 05, 2013
Fauces
domingo, agosto 04, 2013
De tangos caídos
domingo, marzo 17, 2013
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domingo
sábado, septiembre 29, 2012
sábado, junio 30, 2012
Parcial
miércoles, febrero 08, 2012
desde el borde
Desperté con una sed de abriles y golpes en la pared que daban la bienvenida a un mundo donde no ocurría lo que en mi sueño. Lo que en mi sueño… mi sueño se desmonta poco a poco. Me doy cuenta de que la playa sigue siendo playa, aunque si no está atestada de montañas de hierro, si lo está de edificios flácidos. Dije “me quiero envuelta en concreciones” y así comencé a urdir. Antes me asomé por el hombro izquierdo y tomé aire para malograr aspiraciones poderosas. Me cansé en soplos y distendí pueblos enteros con mis manos mojadas. Mis cabellos se enredaron con el dolor de mi ojo invisible, se tropezaron en las flores de mis puntas y comencé a darme vuelta, esta vez, hacia la montaña. Oí gritos de gatos a este lado. Un hombre delgado, con aire insecto me miraba desde la portada del libro. Me llamaba desde las ramas del árbol y, por un momento, no me pidió que buscara el mío. Me acomodé y respiré, exhalé pinos exactos mientras mi hermano alega que son una plaga. Una plaga es esta mañana que muerdo como noche, que arde como tarde, que tiembla y no vibra. Siempre me han costado un mundo las mañanas, me resultan caras y poco acoplables dentro de las comisuras de mi devenir aéreo. Ya lo sé y siempre lo miento: no es la mañana la que tiembla, son mis ojos debatiendo con ellos. Aquellos me llaman y algo me dice que gire una vez más y no los escuche. Girando mi nariz se tuerce con la almohada y mi nuca debate con los pliegues de mi ventana. Anquilosada de esferas colecciono arrugas de sábanas blandas, de camas anónimas, donde la única carente de nombre era yo. Recuerdo y me olvido, la dispersión de mi espalda me invita a dejar de morder y girar, cuando mis párpados se asoman al borde. El vórtice: ese lugar dueño de nada y todo a la vez. Desde ahí mis pestañas abandonan patrias conquistando sólo visiones. Un giro más. La palidez me saluda desplegando las abluciones secretas de los planes conspirados por el calendario. Pálida, doy un paso atrás o más bien fuera. Abandono la templanza y me sumo a una somnolencia de cienes. Intento despertar aunque nunca sienta los ojos más abiertos que bajo el agua.
viernes, julio 22, 2011
oncedelsiete
domingo, febrero 06, 2011
Hablar
miércoles, diciembre 29, 2010
ínfula
Nos turnamos por doquier, de acuerdo a nosequé melodía. Desentonamos a ratos, desafinamos en diagonales. Me tomas por los codos y sales por mi médula. Cállame, calla mis tendones, pero haz hablar a mis domingos. Sobre todo a ellos. Habla como si fuera la primera vez, habla como si fuera en silencio, habla, como si todo lo que tuviéramos fuera memoria, afuera me moría. Nomequiteslosojosdencima, pero aléjate. Mueve los brazos cuando nades por mis voces, así sabré que no te ahogas. Rueda desde mi hombro hasta el otro extremo, danza esta torpeza y tropieza con mis orgullos. {–palabras entrecortadas, ni sé cómo llegué a odiar los conectores.}
Eso es. Más bien rodamos, tropezamos las casualidades; los turnos se ordenan como toallas.
miércoles, octubre 27, 2010
vértice
he devenido tinta.
se despliega por el suelo, como una extensión del sentido. le pido a la tierra que la vierta, que me permita elevar y, a la vez, dejar caer una libación, pero ella, aún no disuelve constelaciones. me siento con las palmas abiertas, despliego un elegía mientras cobijo otro demonio, y susurro.
devengo tinta y, con ella, me derramo entre hojas en blanco. me vierto, aún no dejo de buscar una línea, un párrafo, una frase donde detenerme, donde vaciarme. no dejo de dibujar, de abrirme paso entre las fibras del papel. me vierto en tinta, me dejan caer y olvido a cada trazo.
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lunes, octubre 18, 2010
Nada
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Han de vaciarte, rasgar los harapos con los que ya has llegado, culpar a tus demonios y envestirte con ropas ajenas. Han de quebrarte, filtrar tus silencios, ahogar tus canciones y rebobinar tu mantra. Han de callarte, despojar de toda gama que se pierde entre el negro y el blanco y plantar un dintel forzado. Han de habitarte, poblarte de funestos, mal olientes y pedantes monstruos, dotar de voces estáticas, gritos ahogados y movimientos supuestos. Has de vaciarte. Has de vaciarte. Y he de volver a poblarte, vestirte con lo que encontré en el suelo, fundar la patria profanada. Sólo para volver a exigirte
silencios fecundos
lunes, septiembre 20, 2010
jueves, agosto 12, 2010
Tosca
lunes, julio 05, 2010
#
que se cierne una y otra vez
mas
esta vez, me despido
te dejo ir
y no preciso esperar
los adagios de tu voz arrastrada
.
miércoles, junio 16, 2010
acto
lunes, mayo 31, 2010
II.-
Es curioso y cierto: no sé lo que quiero, lo quiero todo; no sé lo que temo, lo veo todo. No sé pedirte que regreses al fondo y me devuelvas ese tú que perdí mientras miraba las aves ir y venir, inalcanzables, allá a lo lejos.
Te levantas, giras y cierras la puerta con tozudez. Ahí, justo aquí se fija el momento en que realmente encuentro límites a las posibilidades que se ciernen sobre nuestra mesa. Ahí, cada vez que voy y vengo, buscando esquirlas, serpentinas de nada, entre los acuarios de restoranes chinos y oráculos de mercaderes.
Puedo detenerme, puedo fijar la mirada, puedo librarme sin tedio. Al menos tengo ese anhelo. Mas, necesito antes detenerme a desplegar estas plumas de palomas desviadas. Detenerme a contar mis bestias. Detenerme a contar historias, tu historia, la de mis infantas, la de mis ingratas, las de mis putas tristes. Necesito que lo entiendas, necesito que las hagas tuyas, más allá, o más acá, de seguir caminando por una calle de bares muertos, de veredas marcadas de amarillo.
Un día, infelices, mis cadáveres salieron de procesión, a dar treguas; indeseables, mis fantasmas vinieron a reclamarlos. Ellos no quieren que te detengas, que me detenga.
- No sé como contarte, que llevo una huella que nunca tuvo marca.
viernes, mayo 28, 2010
vórtice

Escribí cartas, pero las perdí en el viaje que me trajo hasta acá. Impávida, recogí las sobras y las guardé, como si el tiempo hiciera que las necesitara otra vez – esperando un instante en que se recoja, como se recogen las olas en invierno o las uñas de los gatos cuando bostezan- pero no sirven. No sirven porque no intiman. No sirven porque no traen ese espacio, ahondan el vacío, el no-lugar. escatiman lo que callan.
No recuerdo por qué, taciturna te escribí. Recuerdo que soñé con que te soñaba. Soñé que soñaba con un verde y tú recortado sobre él. Soñé que no me escudriñabas, que sabías bien. Siquiera necesitabas preguntarme a dónde iba cuando me devolvía. Existía sólo tu hombro en medio de la nada, existía mi cabeza como materia inerte que se cierne sobre sus goznes. Como si no existiera el peso, como si no adivinaras que estoy ahí. Por eso me quedaba, así, silenciosa, liviana, perfectamente invisible- susurraba mis pasos, para ahogar demonios, mas, en un ardid y cerrar, ayunaban los tuyos-. Así, sólo una mano recogida, pálida sobre la extensión, me salva de tu imperio… va más allá de donde puedes ir. Me cuestionas y me sigues, como si pudieras seguir a quien no sea tú, cuando no eres tú. Entonces vuelves sobre tus pasos sin saber. Recuérdame aquello. Recuérdame que te recuerdo como tu siendo-tú. Recortada sobre un verde, colgando de tu hombro, no necesito pactos, ni títulos, ni espacios ecuánimes.
Me reclamas como un título y quiebras el verde. Me llamas nocturna cuando siquiera tu nombre puedo restituir de entre las comisuras. Crepuscular, cuando intento no decirlo. Menguante, cuando no te busco. Plena, cuando te encuentro sin buscar. Sonambular, cuando te busco sin encontrar más que tu sombra.
Déjame aquí, casi ni me siento. Déjame aquí, casi ni tiemblo. Déjame aquí, casi ni miento. Casi.