Tarareando, agoto cada servilleta en barcos de papel que naufragan desafinando sorderas.
miércoles, agosto 26, 2015
Cena remitida
Tarareando, agoto cada servilleta en barcos de papel que naufragan desafinando sorderas.
sábado, noviembre 29, 2014
Severa
Érase un hombre pegado a dos narices, su frente partida y sus labios sostenidos por un cigarro. Llegaba a esa esquina de mis subterráneos, cuando lo vi. Agachado, de espaldas a mí, registraba el flujo de una llave de agua, cerciorábase de la remota posibilidad de un reflejo. Terminada su tarea, lavó su mano de metal. De sombrero y complexión gris, su piel parecía enverdecer a medida que giraba su rostro prorrumpiendo un leve alarido, apenas un susurro grave. Ironizaba con tenacidad, mientras planchaba con las manos sus ropas de difunto. Zozobré preguntándome por la impresión que me tomaba por asalto: ¿será un embrujo o un don? En su deformidad, me desarmé controlando abruptamente lo que no deseaba. Mirarlo era obligación; evadirlo: vigilia; era el deber llevado a la gran hostilidad. Su trajecito almidonado pedía perdón, pero su semblante parecía adivinar mi turbación. Me objetivó de vuelta, cuando yo no pude hacerlo con él. Comenzaba a sentir luz por mis venas, cuando lo reconocí y honré: -Larga vida al nuevo Midas, los hijos del rigor te saludamos.
viernes, noviembre 28, 2014
Re
sábado, noviembre 08, 2014
Sotavento
El ángel y yo las veremos arder.
viernes, septiembre 26, 2014
Nostos
lunes, diciembre 30, 2013
sábado, octubre 26, 2013
Hacia el rincón, más acá de la escalera.
sosteniendo una vela derretida,
soplando en pulgares el estupor de mi cuello.
Tiraste de mi quebranto
como se fuerzan las sogas de una vela
para hacer de ella una dirección silenciosa hacia alta mar,
queriendo, precisamente, abarcarla sin majaderías posibles.
No detesto. No devengo odios, sino estupor.
Impávida, repaso las trayectorias de la incandescencia.
Cuando las esquirlas no describen la espiral de una metáfora
son sólo excusas.
Nada más detestable que no tener explicaciones que esgrimir,
que de un toque señalen tu cabeza como queriendo degollar por magia.
Por eso sigo ensayando una a una en mi cabeza,
las casualidades e inocencias que se debieron entretejer para hacerme un traspié directo a la creencia.
Sigo ensayándolas como se ensaya una efeméride,
efeméride de un feriado con gusto a tedio,
de esos que no logran vencerse junto a un cielo nublado.
Volveré a él. Volveré al pasado hasta que mis párpados
ya no tengan motivos para encontrarse solapados.
... Libo estas palabras urdiendo descripciones, sin representar el movimiento de un subterfugio,
eso, si no es el de un estado de una mente.
sábado, octubre 12, 2013
Desvelo
viernes, octubre 11, 2013
En Deuda
- No sé leer si no es con intenciones, con intervenciones accidentales. La espuma de mi salvia atiborra los lugares del margen, mi voz se entrecorta de refranes imberbes. Soy apenas la forzosa espuma del hombre que te debo, que te deben y que nunca cobrarás.
- ¿A quién he de agradecer el temblor, entonces?- Preguntó.
- Ve, agradécele al alba que, cercanos, nos vio desplazar.
De pie, apaga el último farol a la hora del lobo.
Los momentos restantes vuelven a parir nuevas histerias para aplacar antiguas y ya fútiles alegrías. Vacíate, vacíate para no reclamar ninguna orden como tuya mientras augurando resuenan gritos en la hoguera. En esta hora azul enciende el último pregón para que el viento indeciso lo apague. Ya Amanece.
sábado, octubre 05, 2013
I.-
De Midas y sus otros
Fauces
domingo, agosto 04, 2013
De tangos caídos
domingo, marzo 17, 2013
#
domingo
sábado, septiembre 29, 2012
sábado, junio 30, 2012
Parcial
miércoles, febrero 08, 2012
desde el borde
Desperté con una sed de abriles y golpes en la pared que daban la bienvenida a un mundo donde no ocurría lo que en mi sueño. Lo que en mi sueño… mi sueño se desmonta poco a poco. Me doy cuenta de que la playa sigue siendo playa, aunque si no está atestada de montañas de hierro, si lo está de edificios flácidos. Dije “me quiero envuelta en concreciones” y así comencé a urdir. Antes me asomé por el hombro izquierdo y tomé aire para malograr aspiraciones poderosas. Me cansé en soplos y distendí pueblos enteros con mis manos mojadas. Mis cabellos se enredaron con el dolor de mi ojo invisible, se tropezaron en las flores de mis puntas y comencé a darme vuelta, esta vez, hacia la montaña. Oí gritos de gatos a este lado. Un hombre delgado, con aire insecto me miraba desde la portada del libro. Me llamaba desde las ramas del árbol y, por un momento, no me pidió que buscara el mío. Me acomodé y respiré, exhalé pinos exactos mientras mi hermano alega que son una plaga. Una plaga es esta mañana que muerdo como noche, que arde como tarde, que tiembla y no vibra. Siempre me han costado un mundo las mañanas, me resultan caras y poco acoplables dentro de las comisuras de mi devenir aéreo. Ya lo sé y siempre lo miento: no es la mañana la que tiembla, son mis ojos debatiendo con ellos. Aquellos me llaman y algo me dice que gire una vez más y no los escuche. Girando mi nariz se tuerce con la almohada y mi nuca debate con los pliegues de mi ventana. Anquilosada de esferas colecciono arrugas de sábanas blandas, de camas anónimas, donde la única carente de nombre era yo. Recuerdo y me olvido, la dispersión de mi espalda me invita a dejar de morder y girar, cuando mis párpados se asoman al borde. El vórtice: ese lugar dueño de nada y todo a la vez. Desde ahí mis pestañas abandonan patrias conquistando sólo visiones. Un giro más. La palidez me saluda desplegando las abluciones secretas de los planes conspirados por el calendario. Pálida, doy un paso atrás o más bien fuera. Abandono la templanza y me sumo a una somnolencia de cienes. Intento despertar aunque nunca sienta los ojos más abiertos que bajo el agua.